Un Día En La Vida De Aitor

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Me levanto a las 7 de la mañana y empiezo el día con mi rutina de desayuno y aseo habituales. Soy mi propio jefe, y aunque puedo elegir el horario de entrada al trabajo con libertad, tengo costumbre de llegar al taller siempre a la misma hora, entorno a las 9h.

La jornada laboral varía cada día dependiendo de las prioridades que marque la agenda; así que lo primero es repasar cuales son los quehaceres más urgentes y el orden que llevará realizar cada tarea.

Hay jornadas laborales en las que coseré durante todo el día las prendas que estoy creando, pero también hay días completamente diferentes en los que saldré del taller a comprar telas, a hablar con proveedores, y demás tareas de una pequeña empresa de moda que hace todo por sí misma.

En el taller me gusta organizar la mesa de trabajo haciendo cada parte del proceso creativo en “cadena”. Empiezo por lo que me resulta más fácil de hacer y avanzo paso a paso hacia lo más complicado. También organizo el trabajo haciéndome mapas mentales de cuándo utilizaré herramientas manuales o automáticas. En el taller hay dos máquinas de coser, una bordadora y muchas tijeras, agujas, dedales, cremalleras, hilos…

Todas las herramientas tienen una utilidad determinada y ajustada a las necesidades. El taller es sencillo y la capacidad económica es ajustada, por lo que se aprovecha cada herramienta al máximo, y nunca hay herramientas de sobra; porque no se puede, y por conciencia de no despilfarrar y aprovechar los recursos.

Con las telas y materiales que utilizamos para nuestras prendas sucede lo mismo. Cada centímetro de tela es calculado con cuidado para aprovecharlo al máximo y no desperdiciar materias primas. En una marca pequeña cada retal cuenta, cada hilo, por pequeño qué sea, es necesario, y el aprovechamiento máximo es clave para cumplir los objetivos creativos y los valores éticos de la empresa. No malgastar es prioritario para que el negocio sea rentable, funcione y respete nuestros valores.

La jornada avanza entre puntadas, dobladillos, hilos y agujas. Unas veces con el silencio como acompañante, otras con la música como banda sonora. Trabajo cuidando los detalles, es lo que más me satisface. Cuando termino una prenda la repaso una y mil veces en busca de cualquier pequeño fallo, todo tiene que estar perfecto. Cuando alcanzo la perfección exigida sonrío y almaceno con el mismo cariño la prenda, ya preparada para servir al cliente. Continúo con la siguiente, sin prisa, pero sin pausa. Trabajar al detalle es uno de nuestros valores como marca, y eso conlleva trabajar con delicadeza y sin correr, para que salga perfecto, para que la prenda lleve cosido el cariño que se pone en su creación.

La jornada hace una pausa al mediodía para comer y reponer fuerzas. Durante la tarde aún trabajaré unas pocas horas más hasta completar los objetivos marcados al principio de la jornada. Al día siguiente la rutina se repite. Hago un trabajo en el que soy mi propio jefe, y eso me hace muy feliz; porque hago las cosas como me gustan, respetando los valores que quiero transmitir con mis creaciones y respetándome a mí mismo como creativo y como trabajador. Mi trabajo está hecho a mano, a pequeña escala, con mucho amor.